Espacio Cultural Angelmira

Se ubica en una casona antigua, a dos cuadras de la plaza de Armas de Trujillo. El inmueble fue comprado, restaurado y rebautizado como Espacio Cultural Angelmira, en un homenaje personal de Gerardo Chávez a su desaparecido hermano Ángel.

 Espacio Cultural Angelmira - ECA / Trujillo

" La persona que tiene talento, no pierde su corazón de niño. "

Lin Yuntang

 

Gerardo Chavez en el ECA

La idea de crear este museo, en el Espacio Cultural Angelmira, es sin duda un gran aporte a la ciudad de Trujillo.

Propone dar a conocer la historia del juguete en el mundo, en sus diversas formas artesanales e industriales así como poder apreciar su transformación en el tiempo.

Queremos relevar la belleza del juguete antiguo por su manera artesanal en que fue concebido y por que el hombre construye este objeto no solo para entretener al niño, sino también para preservar su niñez.

El juguete, que fue rudimentario, ha venido transformándose para ir representando a la realidad en miniatura. Todas estas figurillas que apasionan a niños y adultos van a rememorar en nosotros nuestra infancia y los momentos felices que nos aportaron estos objetos.

El Museo del Juguete se ha propuesto recolectar todos los juguetes posibles desde la prehistoria hasta los años 50, seleccionarlos, catalogarlos y mostrar las piezas de mejor calidad para que finalmente el público aprecie la belleza y el arte que éstos nos ofrecen.

Con la creación de este ambiente lúdico, las nuevas generaciones ahora puedan disponer de un espacio imaginario que incentive a hacer obras manuales y sublimes en este mundo donde impera la violencia; recreando fantasías que nos permitan vivir en un lugar más humano, justo, generoso y placentero.

Se ha fijado la fecha de recolección hasta los años 50 porque después la industria y el "progreso" invadieron el comercio del juguete, lo que a mi manera de ver le hace perder su factura artesanal y original.

Yo no sé si fueron mis recuerdos de infancia los que me llevaron a crear este museo, pero hoy abrigo la esperanza de que el hombre nuevo integre en su corazón su juguete de niño.

 

BIENVENIDOS AL MUSEO DEL JUGUETE

Película del Museo

El 18 de mayo de 2001 se abrieron las puertas del Museo del Juguete

Museo del Juguete en Trujillo reúne piezas desde la época precolombina hasta 1960.

Inauguracion museo del juguete

Atención de lunes a sábado de 10.00 a 18.00 horas; domingos de 10.00 a 13.00 horas. Entrada: S/. 1 (niños) y S/. 3 (adultos).

Antes de subir las escaleras crujientes y sentirnos como dos niños sueltos en el cuarto que desearía Ricky Ricón o Tom Sawyer, el fotógrafo y yo nos acordamos de Albert Einstein, cuando decía que para toda acción siempre habrá una reacción, pero es imposible determinar qué partículas se moverán.

En Trujillo sucede una cosa parecida: ante tan envidiable oferta de museos de la ciudad, sabes que irás a uno de estos lugares, pero no a cuál. Entonces apuntamos a lo más lúdico y reciente: el Museo del Juguete. Otra ruta para la cultura reciente, viajero.

Se ubica en los altos de una casona celeste, a dos cuadras de la plaza de Armas de Trujillo. El inmueble fue comprado, rescatado de las ruinas y rebautizado como Espacio Cultural AngelMira en un homenaje personal a su desaparecido hermano, Ángel por el pintor Gerardo Chávez.

En el primer piso funciona un museo café-bar "Museo Café Bar", que el artista plástico denomina mi pequeño París, adornado con fotos de diversos artistas peruanos y latinoamericanos; donde el trago de la casa es la "mistela", un macerado de guindón.

Entrada del museo del jugueteEl Museo del Juguete en sí está vestido de papel mural. Se divide por secciones: la de las niñas y las damas primero, de los niños, una tercera área para la cultura popular y el último ambiente dedicado a los juguetes precolombinos, es decir, made in Perú. Una música suave envuelve los ambientes de este espacio dedicado a los juguetes de tela, madera, hojalata, anteriores a 1970, cuando primaba el trabajo artesanal. A Chávez no le interesan los nuevos juguetes, que emergen por lotes desde el Asia, con una calidad pobre, de este reino actual de la fibra de vidrio. El hecho de que muchas de las piezas estén en custodia, por cortesía de sus dueños, permite la renovación permanente de la muestra, que ha cumplido ya cinco años de existencia al servicio de la memoria de la infancia.

LOS JUGUETES DEL MUSEO
En el primer ambiente, que recibe al visitante, hay una casa de muñecas enorme, alumbrada mediante un sistema de iluminación maravilloso; tiene salones y cuartos con cada miniatura trabajada en detalle. En las vitrinas de este espacio de niñas hay muñecas de porcelana de 1870, chinas, europeas y negritas (como para hablar del fin del racismo); ollitas, mesitas y cucharitas de siglo XIX. Los diminutivos van porque es un mundo frágil, apto para los mayores sólo desde la nostalgia.

Juguetes del Museo del JugueteMientras uno camina por este planeta de fantasía, constata que desde niños aprendimos como jugando las actividades que realizaremos de adultos. Eso me susurran la minimáquinas de coser de inicios de siglo pasado. No sólo los modos de producción, también que la cultura bélica la aprendimos antes de los videojuegos sintiendo las formas de las armas de los soldados, los aviones y transatlánticos de mentira, que llevaban mucho de verdad amarga. Que nos disculpen los chinos, que fabrican juguetes a escala, pero la calidad de estos otros, más antiguos, es única; de cuando las muñecas, por ejemplo, podían pasar de generación en generación, previa temporada en su propia clínica (la de muñecas). Hoy la cultura del úselo y tírelo ha alejado ese cariño por los objetos de la infancia.

En el salón de los niños, una de las piezas más importantes es una locomotora amarilla, armada dentro de un circuito de estaciones y montañas. Hay sonajeros, triciclos y una pianola italiana del siglo XIX. También, un auto Mercedes Benz original (de juguete, claro; eléctrico, de hojalata, de 1965). Más allá, un chachicar made in USA, de la década de 1950; y, cómo no, batallones de inmortales soldaditos de plomo, mezclándose las banderas peruanas y francesas.

Imagen del Museo del JugueteMetros más allá, una docena de marionetas cusqueñas, de borrachitos, doctorcitos, desde el techo nos anuncian que entramos en el área de la cultura popular. Aquí se encuentran los objetos más sencillos y entrañables: de carrizo, madera y tela. También, el mítico rodaje (prehistoria del patín); un minicastillo de fuegos artificiales; un Pinocho trabajado por un artesano; un soldado de Cascanueces; una pelota cocida a mano... Todo bendecido desde el techo por la eterna cometa de carrizo y papel de seda.

Incluso hay panes serranos, esos con formas tan lúdicas que antes que comerlos dan ganas de guardarlos. En la zona precolombina hallamos silbatos mochicas, de una antigüedad entre los 100 años antes de Cristo; y un caballo virreinal de cuero cusqueño, que nos dicen que el juego es parte de la vida, la historia y el hombre.

No obstante sus cinco años de vigencia, el 80 por ciento del público que visita el museo está compuesto por turistas extranjeros o de Lima. Poco a poco, los colegios y el propio público liberteños descubren el lugar. Ninguna pieza está en venta. El creador del museo, Gerardo Chávez, quiere que diversos artistas se inspiren en los juguetes y conciban sus propias versiones para ofrecerlas al público.

Texto: José Vadillo/ANDINA